Varios centenares de personas se congregan para reivindicar dignidad para las camareras de piso.

Un acto para visibilizar la precariedad laboral en el sector

El pasado martes la Avenida de Gran Tarajal acogió una concentración, enmarcada en el Día Internacional de la Mujer e impulsada por el colectivo Señoras Feministas en Fuerteventura, de apoyo a las que sostienen con su trabajo la primera industria de la isla: las camareras de piso.

Varios centenares de personas se congregan para reivindicar dignidad para las camareras de piso.

Varios centenares de personas se congregan para reivindicar dignidad para las camareras de piso.

Unas trescientas personas participaron en el acto reivindicativo,  que contó con una performance y la actuación de la murga Las Sargoriás, de Corralejo y que cuenta con integrantes trabajadoras del sector, con una sátira de las condiciones que sufre el departamento. Para finalizar se leyó, por parte de dos representantes del colectivo, el siguiente manifiesto:

Hoy no se celebra, hoy se conmemora la muerte en un incendio de las mujeres que trabajaban en una fábrica textil. Un 8 DE MARZO de 1857, un grupo de obreras tomaron la decisión de denunciar la situación laboral en la que se encontraban en una fábrica de Nueva York. 149 años más tarde, continuamos reivindicando que, en el mundo, somos las mujeres las que tiramos del carro de la vida, dando con nuestro trabajo silencioso la salud a todas.

Un año más, otro 8 de Marzo, grupos feministas a lo largo de todo el planeta, denunciamos la situación en la que nos encontramos mujeres y niñas. Desde Fuerteventura denunciamos la situación de las camareras de piso, que aparte de tirar como todas, del carro de la vida, tiran también del carro del principal sector económico de Canarias.

Mujeres que se levantan cada mañana para enfrentarse a su invisibilidad laboral. El carro que no tira – porque las ruedas están estropeadas -, la toma de analgésicos diarios para hacer frente a una dura y nunca reconocida jornada laboral, los dobles turnos, las horas extras sin pagar, las habitaciones diarias más las salidas que toquen ese día, las situaciones denigrantes por la falta de civismo, la toxicidad de los productos químicos con los que trabajan, los dolores musculares, debidos a la repetición de movimientos que realizan para cumplir con sus funciones. La prevención de riesgos laborales que brilla por su ausencia; porque ellas no caen de un andamio, ellas enferman poco a poco y con enfermedades que no se reconocen como enfermedad profesional ya que se asemejan a las comunes (lumbalgia, hernia, artrosis…). Esto las lleva a sufrir la precariedad en el empleo y la explotación, una explotación que cargan en silencio por las diferentes reformas laborales que permiten la flexibilidad del despido, las condiciones inhumanas, y una serie de imposiciones que obligan a ejercer un trabajo en condiciones de semi-esclavitud.

Por eso no queremos rosas, queremos justicia. El sistema patriarcal ha sabido diluir el mensaje creado por las mujeres para reivindicar nuestros derechos, convirtiéndolo en un día en el que, de manera condescendiente, nos reconocen todo el trabajo que realizamos. El mismo sistema que nos considera inferiores y que como tal nos trata. No queremos que nos feliciten queremos que se levanten y luchen con nosotras por lo que es de justicia social: la igualdad en todos los campos de la vida.

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